Friday, April 14, 2006

Reencuentro y pérdida de la mandrágora

Enrique Gómez-Correa, 1915, Chile


Reencuentro y pérdida de la mandrágora

En la alameda donde crece el guineo
y este lanza la hojita por entre la zona radiante
ahí va a deslizarse justamente el amor
hasta confundirse consigo mismo.

Adquirimos una respiración agitada de por sí
ella nos transforma, nos arrastra al movimiento de las estrellas
y estamos solos cuidando la lágrima
la más terrible lágrima
esa misma que hace crepitar el fuego espiritual
y estamos solos cumpliendo el designio
no por llorar
sino por dar espacio a la mirada que se maravilla.


Todo designio se cumple
en el amor hay que elegir
entre lo que debiera ser y el rostro amado siempre cambiante.
Para permanecer
no hay mejor camino que el fuego
el fuego que nos lleva derecho al cautiverio.


Yo sólo podría entregaros mi manera de mantenerme en libertad
mi ojo alquímico
mi sangre alimentada en la angustia
creédmelo, yo estaré partiendo siempre a lo desconocido.


Si yo he llegado a esta selva donde el cocuyo
todo lo transforma en maravilloso
y hace de la parte oscura del alma
un castillo de luz
es, te lo digo, para mantenerme en tu risa espiritual

Y nos gozaremos
tu ojo en mi ojo
mi mano en tu mano
porque lo amado y la amada
desconocidos de sí mismos
se deleitan en el misterio.



EL REENCUENTRO

Yo confiaba en la ola que salta de repente del fondo del azar
Vivía por ese azar que nos exalta los sentidos
Que me acerca a tu belleza
Que hace que yo te desee en esta tarde
En que el sol apunta al centro del corazón
Para que sienta el calor de tu risa
Tu risa más seductora que un abismo.

Yo amaba las ciudades, los puentes
¿Sabéis lo que son los puentes?
¿Acaso no sabéis que yo vivo en este punto que une la vigilia con el sueño?
Exactamente

La mirada lanzada a los espacios que separan tus ojos de los míos.
Exactamente
Yo sabía de la angustia que crecía más rápido que tu mismo amor
Me preguntaba por la angustia
Exactamente
Buscándonos el uno al otro por caminos paralelos.

Pero el azar junta las paralelas
Y te amo y te seguiré amando
Porque mi conocimiento de las cosas te hará siempre la desconocida
Y sabrás que este amor llevado en el rigorismo del vacío
Te hará más resplandeciente que mi deseo.

Tú venías con el azar
Y sabrás que no hay azar que por angustia no venga
Por eso estoy aquí para amarte, para darte mi deseo
Para construir tu eterna belleza
Estoy para darte mi palabra.


Mandrágora-hombre

Me avergüenzo sólo de pensar que alguna vez tuve menos de treinta años
De permanecer prisionero en una tierra que no era luz ni tiniebla
De haber conducido tu voz por el laberinto de los sonidos
Me avergüenzo del tiempo la lepra y el espacio.

Yo te presentía -tú lo sabes-
Viniste a mi conocimiento con el azar
Y ahí nos quedamos junto al árbol que se hizo fuego
Tú le das a este árbol el fuego.

Yo leí mi destino en las líneas de tu mano
Penetré en los elementos con la seguridad
Del que sueña las veinticuatro horas del día
Supe de la lascivia, la muerte, la noche y el amor
Y aquí permanecimos -tú lo sabes-
Todo amor es substancia y elemento de la misma noche.

Tendremos que saltar la pared de luz -tú lo sabes-
La terrible pared de luz
Ni el día ni la noche nos acompañan
Y hay que ser luminosos
Yo te exijo tu mano en mi mano
Tu sonrisa en mi sonrisa
Tu recuerdo en mi recuerdo
Tu nostalgia en mi nostalgia
Te exijo la fuerza del silencio.


Mandrágora-mujer

Basta de hablar de edades
Yo me avergüenzo de sólo pensar que alguna vez no corresponda a tu deseo
De que algún día lo que resplandece para ti

Deje de maravillarte
Me avergüenzo como tú del tiempo la lepra y el espacio.

Mi memoria es tu memoria
Tu voz es mi voz
Tu amor es mi amor
Yo te exijo:
Interroga noche tras noche tu corazón
Interroga tu mirada
Interroga tu nostalgia
Interroga tus pasos
Interrógame a mí misma.


Mandrágora-hombre

Se permanece con tal de maravillarse eternamente
Todo camino importa un desplazamiento
Es hora de partir -tú lo sabes-
Yo violentaré mi espíritu y tu corazón.

Rebelémonos contra nuestros mismos
Eleva tu mirada antes de que sea demasiado tarde
Es hora de partir -tú lo sabes-
Aquí estoy para darte mi palabra.


Mandrágora-mujer

Una palabra antes de partir
Rebélate contra las trampas del lenguaje
Rebélate contra las alturas, contra los abismos, contra los colores, contra la noche y el día
Rebélate en contra de mí misma.
Llevaré tu nostalgia en mi frente como una marca de fuego -tú lo sabes-
Toda nostalgia es errante
Es hora de partir -tú lo sabes-
Pero escuchad mis últimas exigencias
Rebélate contra la nostalgia
Violenta tu memoria y por fin
Niégate a ti mismo.



La pérdida de la mandrágora

El pájaro azul de la angustia
Estira sus alas y se prepara a la más singular de sus aventuras
Seguramente su conocimiento de las cosas la hiere más que la quemadura de la luz
Porque el amor en él fue carne y espíritu
El tú y el mí que se habían hecho uno en la planta mágica.

El pájaro azul te ha mirado
Y tú eres una extraña
Un singular vacío
Eres más extraña que su recuerdo
Que su misma nostalgia.

Las paralelas deben seguir su camino
El azar existe gracias a lo imprevisto de tu belleza
Y tú has dicho partir
Entonces vientos de soledad llenan las alcobas.

El pájaro azul te ha herido
Y tú bien sabes
Que toda melancolía es infinita.

Te había encontrado con el azar
Y te he perdido con el azar
Juntos nos sumimos en lo desconocido
Hasta ser desconocidos el uno del otro.

Dijiste:
"Todo designio se cumple
"Todo azar junta las paralelas
"Toda luz se reintegra a la tiniebla
"Y tú habiendo alcanzado lo desconocido
"Eres un extraño
"Has vendido tu alma a lo desconocido".

Ya no te pertenezco
Soy el que parte con el azar
Con la noche que precipita los elementos
Soy el pájaro azul de la soledad.



El adiós

Después de todo debemos contentarnos tan sólo con nuestros presentimientos
aferrarnos a la luz que despiden los insultos
ser apenas el destello o el eco de nuestros propios deseos
la ola sangrante que toma cuerpo en los declives del corazón.

Yo sostuve tu rostro en mi pensamiento hasta en lo indecible
acusé a la memoria en la plenitud de tu belleza
nadie pudo alcanzar a mayor altura en mi corazón
que tú en esa metamorfosis que depara al amor.

Pero hay un destino que se oculta más allá de cada palabra
de cada gesto, de cada sonrisa, de cada rostro con que tú te presentas en cada amanecer
y entonces un viento extraño empieza a borrarnos la imagen proyectada en el mismo espejo
y no sabemos hasta qué punto nuestro amor es un reencuentro o una fuga.

Debemos separarnos antes que dejes de ser lo que fuiste en mi pensamiento
antes que el transcurso del día nos precipite a la infinitud del espacio
antes que la nostalgia con su espuma desborde la copa de la eternidad
antes que tú seas después de mi pensamiento.

Si algún día yo te encontré amenazada por el azar
y puse mi mano sobre ti identificándome con el azar
fue -te lo digo- para mantener en el cielo la más extraña constelación
acaso tu estrella y la mía lanzadas a los precipicios celestes.


He llegado a la isla que te he creado en mi angustia
para decirte que mi amor era un forma de libertad
un estilo de caer de abismo en abismo
un deseo de ser desconocido y de mantenerte desconocida.

Repetirás mi adiós hasta que en tus palabras no quede más que la palabra adiós
me recordarás en el punto justo que separa la luz de la tiniebla
pero yo -sangrando en tu última palabra- sabré que mi amor
era este adiós que nace y muere con el día
y que yo repetiré como tú adiós, adiós
hasta la eternidad.


Santiago de Chile, noviembre de 1953

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