Saturday, December 16, 2006

El maestro de los maestros: Ezra Pound




EEUU
1855-1972

A una niña


El árbol se ha metido en mis manos,
la savia ha subido a mis brazos,
el árbol ha crecido en mi pecho
hacia abajo.
Las ramas me brotan como brazos.

Árbol eres,
musgo eres,
eres violeta con viento sobre ellas,
una niña -¡tan alta!- tú eres;
y todo esto es locura para el mundo.



Cantico del sole

El pensamiento de lo que América sería
si los clásicos tuvieran una vasta circulación.
Turba mi sueño,
el pensamiento de lo que América,
el pensamiento de lo que América,
el pensamiento de lo que América sería
si los clásicos tuvieran una vasta circulación.
Turba mi sueño.
Nunc dimittis, permite ahora a tu siervo,
permite ahora a tu siervo
partir en paz.
el pensamiento de lo que América,
el pensamiento de lo que América,
el pensamiento de lo que América sería
si los clásicos tuvieran una vasta circulación...
¡Oh bueno!
Esto turba mi sueño.


La mujer del mercader del río: Una carta


Cuando yo todavía llevaba el pelo cortado sobre la frente
jugaba en el portal delantero, recogiendo flores.
Tú viniste con zancos de madera jugando a los caballos,
caminaste junto a mi asiento, jugando con ciruelas azules
y seguimos viviendo en el pueblo de Chokan:
dos niños, sin aversión ni sospecha.

Con catorce años me casé contigo, mi señor.
Nunca me reía porque era tímida.
Bajaba la cabeza y miraba a la pared.
Aunque me llamaran mil veces, nunca volvía la cabeza.

Con quince años dejé de fruncir el ceño,
deseaba que mi polvo se mezclara con el tuyo
para siempre y para siempre y para siempre.
¿Para qué seguir vigilando?

Te fuiste cuando yo tenía dieciseis años,
te fuiste a la lejana Ku-to-yen, junto al río de los remolinos,
y has estado fuera cinco meses.
Los monos hacen un ruido triste sobre mí.
Cuando te fuiste arrastrabas los pies.
En el portal ahora ha crecido el musgo, musgos
distintos,
¡demasiado profundos para limpiarlos!
Los hojas caen pronto este otoño, por culpa del viento.
Las mariposas emparejadas ya amarillean en el agosto
sobre la hierba del jardín del oeste;
me duelen. Me hago vieja.
Si has de venir por los vados del río Kiang,
por favor, házmelo saber de antemano
y yo saldré a recibirte, iré hasta Cho-fu-sa.


FRANCESCA

Tú saliste de la noche
y había flores en tus manos,
ahora saldrás de entre un barullo de gente
De entre el tumulto de conversaciones sobre ti.
Yo que te había visto entre las cosas prístinas
me encolericé cuando decían tu nombre
en sitios ordinarios. Quisiera que las olas frescas cubrieran mi mente,
y que el mundo se secara como una hoja seca,
o como semillas de dientes-de-león fuese aventado, para que yo pudiera encontrarte de nuevo,
sola.


Poema


Aun en sueños te me has negado
y enviado sólo a tus doncellas.


Un pacto


Haré un pacto contigo, Walt Whitman-
Te he detestado ya bastante.
Vengo a ti como un niño crecido
que ha tenido un papá testarudo;
ya tengo edad de hacer amigos.
Fuiste tú el que cortaste la madera,
ya es tiempo ahora de labrar.
Tenemos la misma savia y la misma raíz-
Haya comercio, pues, entre nosotros.


En una estación del metro

El aparecimiento de estas caras entre el gentío,
pétalos en mohosa, negra, rama.


N.Y.


¡Mi Ciudad, mi amada, mi blanca! ¡Ah, esbelta,
escucha! Escucháme, y yo soplaré dentro de ti
un alma.
¡Delicadamente ante la caña, atiéndeme!
Porque aquí hay un millón de gentes con la furia del
tráfico;
esto no es una doncella.
Ni yo podría tocar una caña si la tuviera.
Mi Ciudad amada, mi amada,
eres una doncella sin pechos,
eres esbelta como una caña de plata.
¡Escúchame, atiéndeme!
Y yo soplaré dentro de ti un alma
y vivirás para siempre.


Plegaria por la vida de su dama

Mantén aquí, Perséfone, tu clemencia,
no traigas aquí, Plutón, mayor dureza.
Tantos millares de bellas han bajado al Averno,
bien puedes dejar una aquí arriba con nosotros.
Contigo está Iopé, contigo Tiro la de la blancura
resplandeciente,
contigo Europa y la desvergonzada Pasifae,
y todas las bellezas de Troya y todas las de Acaya,
de los destrozados reinos de Tebas y del anciano
Príamo;
y todas las doncellas de Roma, tantas como ha habido,
murieron y la voracidad de tu llama las consume.

Mantén aquí, Perséfone, tu clemencia,
no traigas aquí, Plutón, mayor dureza.
Tantos millares de hermosas han bajado al Averno,
bien puedes dejar una aquí arriba con nosotros.


Clara

De dieciséis ya era una celebridad en potencia
con cierta repugnancia por las caricias.
Actualmente me escribe desde un convento;
vive una vida oscura y perturbada,
y ninguna salida se presenta.
No echa de menos a sus hijos
ni desea más hijos.
Su ambición es vaga, indefinida,
no quisiera quedarse, ni salir.


Meditatio

Cuando observo los raros hábitos de los perros
forzosamente llego a la conclusión
de que el hombre resulta superior animal.
Cuando observo los raros hábitos de los hombres
confieso, amigo mío, mi perplejidad.



Salón de té

La meserita del salón de té
no es ya tan linda como era.
Ya se le nota el desgaste de agosto,
no sube ya las escaleras tan aprisa.
Ella también será de edad madura.
Y el agua de juventud entre nosotros esparcía
siempre que nos servía nuestros muffins
no será ya esparcida entre nosotros.
Ella también será de edad madura.


Lamento de la escalera de gemas

Los enjoyados escalones están ya blancos de
rocío,
es tan tarde que el rocío empapa mis medias de
gasa,
y bajo la cortina de cristal
y miro la luna en el claro otoño.


El encuentro

Mientras ellos hablaban todo el tiempo de la nueva moral
ella me exploraba con sus ojos.
y cuando me levanté para marcharme
sus dedos fueron como el tejido
de una servilleta japonesa de papel.


El desván

Ven, apiadémonos de los que tienen más fortuna que nosotros.
Ven, amiga, y recuerda
que los ricos tienen mayordomos en vez de amigos,
y nosotros tenemos amigos en vez de mayordomos.
Ven, apiadémonos de los casados y de los solteros.

La aurora entra con sus pies diminutos
como una dorada Pavlova,
y yo estoy cerca de mi deseo.
Nada hay en la vida que sea mejor
que esta hora de limpia frescura,
la hora de despertarnos juntos.


La zambullida

Querría bañarme en extrañeza:
estas comodidades amontonadas encima de mí,
me asfixian!
¡Me quemo, ardo en deseos de algo nuevo,
amigos nuevos, caras nuevas y lugares!
Oh, estar lejos de todo esto,
esto que es todo lo que quise...salvo lo nuevo.
¡Y tú,amor, la que mucho, la que más he deseado!
¿Acaso no me repugnan todas las paredes,
las calles, las piedras,
todo el barro, la bruma, toda la niebla,
todas las clases de tráfico?
A ti, yo te querría
fluyendo encima de mí como el agua,
¡oh, pero fuera de aquí!
Hierba y praderas y colinas y sol
¡oh, suficiente sol!
¡Lejos y a solas, en medio de gente extraña!

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