Monday, August 28, 2006

Georg Trakl, poesía expresionista o la melancolía del ocaso.






GEORG TRAKL,
poesía expresionista o la melancolía del ocaso
Austria (1887-1914)

OTOÑO TRANSFIGURADO

Así termina el año majestuosamente
con aúreo vino y frutos de las huertas.
En derredor los bosques callan admirables
y son los camaradas del solitario.
Entonces dice el campesino: está bien.
Vosotras largas y suaves campanas del atardecer
dadnos un ánimo alegre hasta el final.
Una bandada de pájaros saluda en su viaje.
Es el dulce tiempo del amor.
En la barca, río abajo
-que hermosas se aparean las imágenes-
todo se hunde en calma y en silencio.



EN UN ALBUM ANTIGUO

Retornas sin cesar, melancolía,
oh regalo del alma solitaria.
Arde hasta el final un día de oro.
El ser paciente se inclina humilde ante el dolor
resonante de armonía y tierno delirio.
¡Mira! Ya va oscureciendo.
Otra vez vuelve la noche y se lamenta un mortal
y hay otro que sufre con él.
Tiritando bajo las estrellas del otoño,
año tras año se inclina más profundamente la cabeza.



NOCHE DE INVIERNO

Cuando la nieve cae en la ventana
y tañe lenta la campana vespertina,
está puesta la mesa para muchos,
preparada la casa.

Por oscuros senderos
llega algún caminante hasta la puerta.
Dorado florece el árbol de los dones
con la savia fresca de la tierra.

En silencio el viajero entra en la casa.
El dolor petrifica
el umbral; pero en la mesa
en una halo de luz inmaculada
brillan el pan y el vino.





EN LA OSCURIDAD

La primavera azul silencia el alma.
Bajo el húmedo ramaje del poniente
se hundió estremecida la frente de los amantes.

Oh, la cruz verdecida. En diálogo oscuro
se reconocieron hombre y mujer.
Junto al muro desnudo
camina con sus estrellas el solitario.

Sobre los senderos del bosque en claro de luna
reinó el desenfreno de cacerías olvidadas;
la mirada de lo azul
irrumpe de la roca derruida.




EL SOL


A diario llega el sol amarillo sobre el cerro.
Es hermoso el bosque, la bestia oscura,
el hombre que caza o que apacienta.

De rojo asoma el pez en el verde de la alberca.
Bajo el cielo redondel
boga leve el pescador en su barca azulada.

Sin prisa va a sazón el racimo, viene el grano.
Al caer callado el día,
bien y mal ya están dispuestos.

Al entrar la noche,
leve alza el caminante el peso de sus párpados;
de la oscura garganta el sol despunta.




VERANO

Al atardecer calla el lamento
del pájaro en el bosque.
Se inclina la mies,
la roja amapola.

Una negra tormenta amenaza
sobre la colina.
El antiguo canto del grillo
perece en el campo.

Ya no se mueve el follaje
del castaño.
En la escalera de caracol
susurra tu vestido.

En silencio alumbra el candil
en la habitación oscura;
una mano plateada
la apaga.

Quietud del viento, noche sin estrellas.





DE PROFUNDIS

A la orilla de la aldea
la gentil huérfana recoge escasas espigas.
Sus ojos redondos y dorados recorren el crepúsculo
y su regazo anhela al esposo celestial.

De regreso al hogar
unos pastores hallaron el dulce cuerpo
descompuesto en el espino.

Una sombra soy lejos de oscuras aldeas.
El silencio de Dios
bebí en la fuente del bosque.

Sobre mi frente golpeó un frío metal.
Arañas buscan mi corazón.
Hay una luz que se apaga en mi boca.

De noche me encontré en un páramo,
colmado de deshechos y de polvo de estrellas.
En los avellanos
tintinearon otra vez ángeles cristalinos.





MELANCOLÍA

Sombras azuladas y esos ojos oscuros
que al pasar me miran hondamente.
El sonido del otoño se acompaña con guitarras
y en el jardín se disuelve su ceniza impura.
Las pesadumbres sombrías de la muerte
preparan sus delicadas manos.
De pechos opulentos beben descarnados labios
y en la piel dorada del niño solar
ondulan húmedos sus rizos.





MI CORAZÓN EN EL OCASO

Al atardecer se oye el grito de los murciélagos.
Dos caballos negros saltan en la pradera.
El arce rojo murmura.
El caminante encuentra el hostal en el camino.
Magnífico es el vino joven con las nueces.
Magnífico tambalearse ebrio en el bosque crepuscular .
A través del oscuro follaje suenan campanas dolorosas.
Ya sobre el rostro gotea el rocío.




LOS ENMUDECIDOS
Ah, locura de la gran ciudad, al caer la tarde
a oscuros muros clavados miran árboles informes,
en máscara de plata el genio del mal observa,
luz con látigo magnético repele a la noche de piedra.
Ah, sumido son de campanas en ocaso.

Puta que alumbra entre helados temblores a un niño muerto.
Ira de Dios que azota furiosa la frente del poseso,
púrpura peste, hambre que rompe en trizas los ojos verdes.
Ah, la horrorosa risa del oro.

Mas calmada mana en guarida oscura humanidad más callada,
y en duros metales conforma la cabeza salvadora.





QUIETUD Y SILENCIO

Pastores enterraron al sol en el desnudo bosque.
Un pescador sacó
en su delicada red a la luna del lago helado.

En el azul cristal
habita el hombre pálido,
la mejilla apoyada en sus estrellas;
o inclina la cabeza en sueño purpúreo.

Siempre inquieta al contemplador
el negro vuelo de los pájaros
que en el azul sagrado de las flores
piensa en el cercano silencio del olvido,
en ángeles extintos.

De nuevo oscurece la frente en rocas lunares;
y radiante surge la hermana
en otoño y negra podredumbre.



CREPÚSCULOS EN EL ALMA

Silenciosa va a dar al lindero del bosque
una bestia oscura;
en el cerro acaba quedo el viento de la tarde,

enmudece en su queja el mirlo,
y blandas flautas del otoño
callan entre los juncos.

En una negra nube
navegas ebrio de amapolas
la alberca de la noche,

el cielo de los astros.
Aún resuena la voz de luna de la hermana
en la noche del alma.




SUEÑO

Sueño y muerte, águilas de tiniebla,
rondan rumor de noche esa frente:
a la dorada imagen del hombre
parece engullir la ola helada
de lo eterno. En arrecifes estremecedores
púrpura el cuerpo zozobra.
Y se alza la oscura voz en su queja
de la mar.
Hermana en turbulenta pesadumbre,
mira una barca de angustia sumirse
entre estrellas
en el callado rostro de la noche.





ALMA DE NOCHE

Furtivo desciende de los negros bosques
un venado azul, el alma.
Es de noche y sobre los escalones musgos os
se ve una fuente blanca.

La sangre y un grupo de armas antiguas
murmuran en el valle de los pinos.
La luna brilla siempre en parajes derruidos;
embriagada por venenos oscuros,
máscara de plata inclinada
sobre el sueño de los pastores;
cabeza abandonada en silencio por sus sagas.

Oh, abre ella sus frías manos bajo arcos de piedra
mientras lento sube un dorado verano a la ciega ventana
y toda la noche se oyen sobre el verde
los pasos de la danzarina,
y la voz de la lechuza que llama al ebrio
en púrpura tristeza.






GRODEK

De atardecida suenan los bosques otoñales
de armas mortales, las praderas doradas
y los lagos azulados, el sol sobre todo
se ahonda en sombras: la noche abraza
a guerreros moribundos, el quejido fiero
de sus bocas destrozadas.

Pero callada en el fondo de los prados,
roja nubareda que habita un dios de ira, se congrega
la sangre derramada, frío de luna;
todos los caminos desembocan en negra podredumbre.

Bajo doradas enramadas de la noche y las estrellas
por el soto silencioso va la sombra de la hermana dando tumbos,
saluda a los espectros de los héroes, las cabezas que aún sangran,
y quedas suenan en el juncal las flautas oscuras del otoño.

¡Tristeza orgullosa! ¡Altares de acero!
Alimenta hoy la llama ardiente del espíritu un dolor violento
de nietos no nacidos.



VERFALL (DECADENCIA)
Am Abend, wenn die Glocken Frieden läuten,
Folg ich der Vögel wundervollen Flügen,
Die lang geschart, gleich frommen Pilgerzügen,
Entschwinden in den herbstlich klaren Weiten.
Hinwandelnd durch den dämmervollen Garten
Träum ich nach ihren helleren Geschicken
Und fühl der Stunden Weiser kaum mehr rücken.
So folg ich über Wolken ihren Fahrten.
Da macht ein Hauch mich von Verfall erzittern.
Die Amsel klagt in den entlaubten Zweigen.
Es schwankt der rote Wein an rostigen Gittern,
Indes wie blasser Kinder Todesreigen
Um dunkle Brunnenränder, die verwittern,
Im Wind sich fröstelnd blaue Astern neigen.


DECADENCIA
Al atardecer, tañen campanas a la paz,
cuando sigo milagrosos vuelos de las aves
que, como procesión piadosa, en largo haz,
se pierden en claras, otoñales vastedades.

Vagando por el jardín crepuscular
mi sueño va hacia sus más claros destinos
y la manecilla siento apenas avanzar.
Así sigo, sobre nubes, sus caminos.

De decadencia el hálito allí me hace temblar.
El mirlo se queja en las ramas deshojadas.
Vacila roja vid en rejas herrumbradas,
mientras, cual de pálidos niños corro mortal
entorno a un brocal que gasta el tiempo, sombrío,
el viento inclina amelos azules en el frío.




HELIAN

En las horas solitarias del espíritu
es bello caminar al sol
a lo largo de los muros amarillos del verano.

Quedamente suenan los pasos en la hierba;
pero siempre duerme el hijo de Pan en el mármol gris.

Al atardecer en la terraza
nos embriagamos de vino negro.
Rojizo brilla el durazno en el follaje.
Sueva sonata, risa alegre.

Bella es la quietud de la noche.
En la oscura pradera
nos encontramos con pastores y blancas estrellas.

Cuando el otoño llega
una sobria claridad aparece en el bosque.
Caminamos tranquilos a lo largo de los muros rojos
y los ojos redondos siguen el vuelo de las aves.
Al atardecer desciende el agua blanca en los mausoleos.

En las ramas desnudas se potencia el cielo.
El labrador porta en sus manos puras el pan y el vino
y maduran apacibles los frutos en el albergue soleado.

Oh, que severo es el rostro de los muertos queridos.
Pero el alma se complace de esta justa contemplación.

Magnífico es el silencio del jardín devastado
cuando el joven novicio corona su frente
con el pardo follaje,
y su aliento bebe un oro helado.

Las manos tocan la edad de aguas azuladas
y en la fría noche las blancas mejillas de la hermana.

Tenue y armónico es un paseo
por estancias acogedoras
donde hay soledad y entre el rumor del arce
quizá canta el tordo todavía.

Bello es el hombre surgiendo de la oscuridad,
cuando sorprendido mueve brazos y piernas
y los ojos silenciosamente giran en órbitas purpúreas.

Al anochecer se pierde el extranjero
en la negra destrucción de noviembre,
bajo ramas descompuestas,
junto al muro cubierto de lepra;
donde antaño el santo hermano ha pasado
abstraído de la suave música de su locura.

Oh cuán solitario acaba el viento de la tarde.
Moribunda se inclina la cabeza en la sombra del olvido.

Conmovedor es el ocaso de la estirpe.
En esta hora se llenan los ojos del que observa
con el oro de sus soles.

Al atardecer se hunde un timbal que ya no suena,
caen los negros muros de la plaza,
llama el soldado muerto a la oración.

Como un ángel plácido
entra el hijo en la casa vacía de sus padres.

Las hermanas partieron donde blancos ancianos.
De noche las encontró el durmiente
bajo las columnas del pórtico,
rerornando de tristes peregrinajes.

Oh, cuán rígidos sus cabellos llenos de limo y gusanos,
cuando él se levanta sobre pies plateados
y aquellos difuntos salen de habitaciones despojadas.

Oh, los salmos en la lluvia de fuego de la medianoche.
Los siervos azotan los dulces ojos con ortigas,
y los pueriles frutos del sauce
se inclinan asombrados sobre una tumba vacía.

Suavemente ruedan lunas amarillas
sobre las febriles sábanas del adolescente,
antes del silencio invernal.

Un destino sublime desciende meditando el Kidrón,
donde el cedro, tierna criatura,
se despliega bajo las cejas azules del padre.
Por la llanura un pastor guía de noche su rebaño.
Hay gritos en el sueño
cuando un ángel de bronce
aborda al hombre en la floresta,
y la carne del santo en ardiente parrilla se derite.

Por las cabañas de adobe surgen purpúreas vides, sonoras gavillas de amarillenta mies,
el zumbido de las abejas, el vuelo de la grulla.
Al atardecer se encuentran los resucitados
en los caminos rocosos.
En negras aguas se reflejan los leprosos
o rasgan sus vestiduras manchadas de inmundicia
llorando al viento balsámico
que sopla de la colina rosada.

Muchachas esbeltas tantean por las calles nocturnas
anhelando a su pastor enamorado.
Los sábados suena en las cabañas una dulce canción,
y se evoca también el canto, memoria del muchacho,
su delirio, las cejas blancas y la partida,
del cadáver que abre los ojos azulados.
Oh, qué triste reencuentro.

Los peldaños de la locura en negras habitaciones,
las sombras de los mayores bajo la puerta abierta,
cuando el alma de Helian se mira en el espejo rosado
y nieve y lepra caen en su frente.

En las paredes se apagan las estrellas
y las figuras blancas de la luz.

Del tapiz surgen los esqueletos de las tumbas,
el silencio de cruces derruidas en la colina,
la dulzura del incienso en el viento púrpura de la noche.

Oh, quebrados ojos en el fondo de negras cavidades,
saben que el nieto en dulce tiniebla
medita solitario en el más oscuro fin,
esperando que el Dios silencioso
baje sobre él los párpados azules.



KASPAR HAUSER'S SONG
Para Bessie Loos

He truly loved the purple sun, descending from the hills,
The ways through the woods, the singing blackbird
And the joys of green.

Sombre was his dwelling in the shadows of the tree
And his face undefiled.
God, a tender flame, spoke to his heart:
Oh son of man!

Silently his step turned to the city in the evening;
A mysterious complaint fell from his lips:
“I shall become a horseman.”

But bush and beast did follow his ways
To the pale people’s house and garden at dusk,
And his murderer sought after him.
Spring and summer and – oh so beautiful – the fall
Of the righteous. His silent steps
Passed by the dark rooms of the dreamers.

At night he and his star dwelled alone.
He saw the snow fall on bare branches
And in the murky doorway the assassin’s shadow.
Silvern sank the unborne’s head.


Para Bessie Loos
Amaba el sol que purpúreo bajaba la colina,
los caminos del bosque, el negro pájaro cantor

y la alegría de lo verde.



Serio era su vivir a la sombra del árbol
y puro su rostro.
Dios habló como una suave llama a su corazón:
!Hombre!

La ciudad halló su paso silencioso en el atardecer;
pronunció la oscura queja de su boca:
soñaba ser un jinete.

Pero le seguían animal y arbusto,
la casa y el jardín de blancos hombres
y su asesino lo asediaba.

Primavera y verano y el hermoso otoño del justo,
su paso silencioso
ante la alcoba sombría de los soñadores.
De noche permanecía solo con su estrella.

Miró caer la nieve sobre el desnudo ramaje
y la sombra del asesino en la penumbra del zaguán.
Entonces rodó la cabeza plateada del no nacido aún.



AL JOVEN ELIS

Al atardecer, tañen campanas a la paz
cuando sigo milagrosos vuelos de las aves
que, como procesión piadosa, en largo haz,
se pierden en claras, otoñales vastedades.
Vagando por el jardín crepuscular
mi sueño va hacia sus más claros destinosy la manecilla siento apenas avanzar.
Así sigo, sobre nubes, sus caminos.
De decadencia el hálito allí me hace temblar.
El mirlo se queja en las ramas deshojadas.
Vacila roja vid en rejas herrumbradas,
mientras, cual de pálidos niños corro mortal
en torno a un brocal que gasta el tiempo, sombrío,
el viento inclina amelos azules en el frío.






LAMENTACIÓN

Sueño y muerte. Las águilas tenebrosas,
se abaten, toda la noche, sobre esta cabeza;
la imagen áurea de los hombres,
podría se devorada por la gélida ola
de la eternidad. Contra horribles arrecifes
se hace añicos el cuerpo púrpura.
Y la voz se lamenta
sobre el mar.
Hermana de tempestuosa melancolía
mira: un bote receloso se hunde
bajo las estrellas, bajo
la cara silenciosa de la noche.








CANCIÓN DEVOTA
Signos, singulares bordados
describe un trémulo macizo de flores.
El azul aliento de Dios
penetra en el pabellón del jardín,
penetra sereno.
Se eleva una cruz en la silvestre viña.

Escucho como domina el júbilo en la aldea,
próxima al muro ciega el jardinero,
se oye la suave música de un órgano
que mezcla sonidos y fulgores dorados,
sonidos y fulgores.
El amor santifica el pan y el vino.

Entonces entran las muchachas
y por último canta el gallo.
Lenta funciona una caduca verja
y entre guirnaldas de rosas y rondas,
rondas de rosas
descansa María blanca y pura.







SALMO

A Karl Kraus

Hay una luz que el viento ha extinguido.
Hay una taberna que en la tarde un ebrio abandona.
Hay una viña quemada y negra.
con agujeros llenos de arañas.
Hay un cuarto que han blanqueado con leche.
El demente ha muerto.
Hay una isla de los mares del sur
para recibir al dios del sol. Tocan los tambores.
Los hombres ejecutan danzas de guerra.
Las mujeres contonean las caderas
entre enredaderas y flores de fuego,
cuando el mar canta. Oh nuestro paraíso perdido.

Las ninfas han abandonado los bosques de oro.
Sepultan al extranjero.
Comienza entonces una lluvia ígnea.
El hijo de Pan surge
bajo la apariencia de un peón caminero,
que duerme al mediodía sobre la tierra ardiente.
Hay niñas en un patio con vestiditos
de una pobreza desgarradora.
Hay salas colmadas de acordes y sonatas.
Hay sombras que se abrazan ante un espejo ciego.
En las ventanas del hospital
se calientan los convalecientes.
Un barco blanco remonta el canal
cargado con epidemias sangrientas.

La hermana extranjera surge de nuevo
en los malos sueños de alguien.




ANIF

Recuerdo: gaviotas deslizándose sobre un oscuro cielo
de melancolía masculina.
Sosegado habitas tú a la sombra del fresno otoñal,
y absorto en las formas de la colina
desciendes por el verde río cuando reina la tarde,
melodioso amor:
apaciblemente te busca el oscuro venado,

y un hombre rosado. Ebria de viento azul
roza la frente el follaje agonizante
mientras recuerdas el rostro adusto de la madre;
Oh, cómo se hunde todo en lo oscuro;

las lúgubres habitaciones y los viejos utensilios
de los ancestros conmueven el pecho del extranjero,
Oh, signos y estrellas.

Grande es la culpa del que ha nacido.
Ay, dorados escalofríos de la muerte,
cuando el alma sueña flores más frescas.

Siempre grita en las ramas desnudas el ave nocturna.
Al paso de la luna
suena un viento helado en los muros de la aldea.

Wednesday, August 23, 2006

Oliverio Girondo y la mujer que vuela

Oliverio Girondo
Buenos Aires- Argentina (1891-1967)
CANSANCIO

Cansado.
¡Sí!
Cansado
de usar un solo bazo,
dos labios,
veinte dedos,
no sé cuántas palabras,
no sé cuántos recuerdos,
grisáceos,
fragmentarios.

Cansado,
muy cansado
de este frío esqueleto,
tan púdico,
tan casto,
que cuando se desnude
no sabré si es el mismo
que usé mientras vivía.

Cansado.
¡Sí!
Cansado
por carecer de antenas,
de un ojo en cada omóplato
y de una cola auténtica,
alegre,
desatada,
y no este rabo hipócrita,
degenerado,
enano.

Cansado,
sobre todo,
de estar siempre conmigo,
de hallarme cada día,
cuando termina el sueño,
allí, donde me encuentre,
con las mismas narices
y con las mismas piernas;
como si no deseara
esperar la rompiente con un cutis de playa,
ofrecer, al rocío, dos senos de magnolia,
acariciar la tierra con un vientre de oruga,
y vivir, unos meses, adentro de una piedra.


DICOTOMÍA INCRUENTA

Siempre llega mi mano
más tarde que otra mano que se mezcla a la mía
y forman una mano.

Cuando voy a sentarme
advierto que mi cuerpo
se sienta en otro cuerpo que acaba de sentarse
adonde yo me siento.
Y en el preciso instante
de entrar en una casa,
descubro que ya estaba
antes de haber llegado.

Por eso es muy posible que no asista a mi entierro,
y que mientras me rieguen de lugares comunes,
ya me encuentre en la tumba,
vestido de esqueleto,
bostezando los tópicos y los llantos fingidos.


LLORAR A LÁGRIMA VIVA

Llorar a lágrima viva.
Llorar a chorros.
Llorar la digestión.
Llorar el sueño.
Llorar ante las puertas y los puertos.
Llorar de amabilidad y de amarillo.
Abrir las canillas,
las compuertas del llanto.
Empaparnos el alma, la camiseta.
Inundar las veredas y los paseos,
y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.
Asistir a los cursos de antropología, llorando.
Festejar los cumpleaños familiares, llorando.
Atravesar el África, llorando.
Llorar como un cacuy, como un cocodrilo...
si es verdad que los cacuíes y los cocodrilos
no dejan nunca de llorar.
Llorarlo todo, pero llorarlo bien.
Llorarlo con la nariz, con las rodillas.
Llorarlo por el ombligo, por la boca.
Llorar de amor, de hastío, de alegría.
Llorar de frac, de flato, de flacura.
Llorar improvisando, de memoria.
¡Llorar todo el insomnio y todo el día!

MI LU

mi lubidulia
mi golocidalove
mi lu tan luz tan tu que me enlucielabisma
y descentratelura
y venusafrodea
y me nirvana el suyo la crucis los desalmes
con sus melimeleos
sus erpsiquisedas sus decúbitos lianas y dermiferios limbos y gormullos
mi lu
mi luar
mi mito
demonoave dea rosa
mi pez hada
mi luvisita nimia
mi lubísnea
mi lu más lar más lampo
mi pulpa lu de vértigo de galaxias de semen de misterio
mi lubella lusola
mi total lu plevida
mi toda lu
lumía .


POEMA 12

Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, se despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehuyen, se evaden, y se entregan.


¡TODO ERA AMOR!

¡Todo era amor... amor!
No había nada más que amor.
En todas partes se encontraba amor.
No se podía hablar más que de amor.
Amor pasado por agua, a la vainilla,
amor al portador, amor a plazos.
Amor analizable, analizado.
Amor ultramarino.
Amor ecuestre.
Amor de cartón piedra, amor con leche...
lleno de prevenciones, de preventivos;
lleno de cortocircuitos, de cortapisas.
Amor con una gran M, con una M mayúscula,
chorreado de merengue,
cubierto de flores blancas...
Amor espermatozoico, esperantista.
Amor desinfectado, amor untuoso...
Amor con sus accesorios, con sus repuestos;
con sus faltas de puntualidad, de ortografía;
con sus interrupciones cardíacas y telefónicas.
Amor que incendia el corazón de los orangutanes,
de los bomberos.
Amor que exalta el canto de las ranas bajo las ramas,
que arranca los botones de los botines,
que se alimenta de encelo y de ensalada.
Amor impostergable y amor impuesto.
Amor incandescente y amor incauto.
Amor indeformable. Amor desnudo.
Amor amor que es, simplemente, amor.
Amor y amor... ¡y nada más que amor!


EXVOTO

Las chicas de Flores, tienen los ojos dulces, como las almendras azucaradas de la Confitería del Molino, y usan moños de seda que les liban las nalgas en un aleteo de mariposa. Las chicas de Flores, se pasean tomadas de los brazos, para transmitirse sus estremecimientos, y si alguien las mira en las pupilas, aprietan las piernas, de miedo de que el sexo se les caiga en la vereda. Al atardecer, todas ellas cuelgan sus pechos sin madurar del ramaje de hierro de los balcones, para que sus vestidos se empurpuren al sentirlas desnudas, y de noche, a remolque de sus mamás -empavesadas como fragatas- van a pasearse por la plaza, para que los hombres les eyaculen palabras al oído, y sus pezones fosforescentes, se enciendan y se apaguen como luciérnagas. Las chicas de Flores, viven en la angustia de que las nalgas se les pudran, como manzanas que se han dejado pasar, y el deseo de los hombres las sofoca tanto, que a veces quisieran desembarazarse de él como de un corsé, ya que no tienen el coraje de cortarse el cuerpo a pedacitos y arrojárselo, a todos los que pasan por la vereda. "

I- ESPANTAPÁJAROS

" No sé me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias;
¡pero eso si! - y en esto soy irreductible- no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
Si no saben volar ¡ pierden el tiempo las que pretenden seducirme!
Está fue - y no otra- la razón de que me enamorase, tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?
¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo y sus miradas de pronostico reservado?
¡ María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba del comedor a la despensa.
Volando me preparaba el baño, la camisa. Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de algún paseo por los alrededores!
Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.
"¡ María Luisa! ¡María Luisa!...y a los pocos segundos, ya me abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anidábamos en una nube, como dos ángeles, y de repente, en tirabuzón, en hoja muerta, el aterrisaje forzoso de un espasmo.
¡ Qué delicia la de tener una mujer tan ligera..., aunque nos haga ver, de vez en cuando las estrellas! ¡Qué voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes...la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer a una mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
¿Verdad que no hay una diferencia sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando. "


VII- ESPANTAPÁJAROS


" Yo no tengo una personalidad; yo soy un cocktail, un conglomerado, una manifestación de personalidades. En mí, la personalidad es una especie de forunculosis anímica en estado crónico de erupción; no pasa media hora sin que me nazca una nueva personalidad. Desde que estoy conmigo mismo, es tal la aglomeración de las que me rodean, que mi casa parece el consultorio de una quiromántica de moda. hay personalidades en todas partes: en el vestiíbulo, en el corredor, en la cocina, hasta en el W.C. ¡Imposible lograr un momento de tregua, de descanso! ¡Imposible saber cuál es la verdadera! Aunque me veo forzado a convivir en la promiscuidad más absoluta con todas ellas, no me convenzo de que me pertenezcan. ¿Qué clase de contacto pueden tener conmigo -me pregunto- todas estas personalidades inconfesables, que harían ruborizar a un carnicero? ¿Habré de permitir que se me identifique, por ejemplo, con este pederasta marchito que no tuvo ni el coraje de realizarse, o con este cretinoide cuya sonrisa es capaz de congelar una locomotora? El hecho de que se hospeden en mi cuerpo es suficiente, sin embargo, para enfermarse de indignación. Ya que no puedo ignorar su existencia, quisiera obligarlas a que se oculten en los repliegues más profundos de mi cerebro. Pero son de una petulancia... de un egoísmo... de una falta de tacto. Hasta las personalidades más insignificantes se dan unos aires de trasatlántico. Todas, sin ningun clase de exepción, se consideran con derecho a manifestar un desprecio olímpico por las otras, y naturalmente, hay peleas, conflictos de toda especie, discuciones que no terminan nunca. En vez de contemporizar, ya que tienen que vivir juntas, ¡pues no señor!, cada una pretende imponer su voluntad, sin tomar en cuenta las opiniones y los gustos de las demás. Si alguna tiene una ocurrencia, que me hace reír a carcajadas, en el acto sale cualquier otra, proponiéndome un paseíto al cementerio. Ni bien aquélla desea que me acueste con todas las mujeres de la ciudad, ésta se empeña en demostrarme las ventajas abstinencia, y mientras una abusa de la noche y no me deja dormir hasta la madrugada, la otra despierta con el amanecer y exige que me levante junto con las gallinas. Mi vida resulta así una preñez de posibilidades que no se realizan nunca, una explosión de fuerzas encontradas que se entrechocan y se destruyen mutuamente. El hecho de tomar la menor determinación me cuestra un tal cúmulo de dificultades, antes de cometer el acto más insignificante necesito poner tantas personalidades de acuerdo, que prefiero renunciar a cualquier cosa y esperar que se extenúen discutiendo lo que han de hacer con mi persona, para tener, al menos, la satisfacción de mandarlas todas juntas a la mierda. "


GRATITUD


Gracias aroma
azul,
fogata
encelo.

Gracias
pelo
caballo
mandarino.
Gracias

pudor
turquesa
embrujo
vela,
llamarada quietud
azar
delirio.

Gracias a los racimos
a la tarde,
a la sed
al fervor
a las arrugas,
al silencio
a los senos
a la noche,
a la danza
a la lumbre
a la espesura.

Muchas gracias al humo
A los microbios,
al despertar
al cuerno a la belleza,
a la esponja
a la duda
a la semilla,
a la sangre
a los toros
a la siesta.

Gracias por
la ebriedad,
por vagancia,
por el aire
la piel
las alamedas,
por el absurdo de hoy
y de mañana,
desazón
avidez
calma
alegría,
nostalgia
desamor
ceniza
llanto.

Gracias a lo que nace,
a lo que muere,
a las uñas
las alas
las hormigas,
los reflejos
el viento
la rompiente,
el olvido
los granos
la locura.

Muchas gracias gusano.
Gracias huevo.
Gracias fango,
sonido.
Gracias piedra.
Muchas gracias por todo.
Muchas gracias.

Oliverio Girondo,
Agradecido.

ARIDANDANTEMENTE

Sigo
solo me sigo
y en otro absorto otro beodo lodo baldío
por neuroyertos rumbos horas opio desfondes
me persigo
junto a tan tantas otras bellas concas corolas erolocas
entre fugaces muertes sin memoria
y a tantos otros otros grasos ceros costrudos que me opan
mientras sigo y me sigo
y me recontrasigo
de un extremo a otro estero
aridandantemente
sin estar ya conmigo ni ser un otro otro.

¿DÓNDE?

¿Me extravié en la fiebre?
¿Detrás de las sonrisas?
¿Entre los alfileres?
¿En la duda?
¿En el rezo?
¿En medio de la herrumbre?
¿Asomado a la angustia,
al engaño,
a lo verde?...
No estaba junto al llanto,
junto a lo despiadado,
por encima del asco,
adherido a la ausencia,
mezclado a la ceniza,
al horror,
al delirio.
No estaba con mi sombra,
no estaba con mis gestos,
más allá de las normas,
más allá del misterio,
en el fondo del sueño,
del eco,
del olvido.
No estaba.
¡Estoy seguro!
No estaba.

PAISAJE BRETÓN

Douarnenez,
en un golpe de cubilete,
empantana
entre sus casas como dados,
un pedazo de mar,
con un olor a sexo que demaya.

¡Barcas heridas, en seco, con las alas plegadas!
¡Tabernas que cantan con una voz de orangután!

Sobre los muelles,
mercurizados por la pesca,
marineros que se agarran de los brazos
para aprender a caminar,
y van a estrellarse
con un envión de ola
en las paredes;
mujeres salobres,
enyodadas,
de ojos acuáticos, de cabelleras de alga,
que repasan las redes colgadas de los techos
como velos nupciales.
El campanario de la iglesia,
en un escamoteo de prestidigitación;
saca de su campana
una bandada de palomas.

Mientras las viejecitas,
con sus gorritos de dormir,
entran a la nave
para emborracharse de oraciones,
y para que el silencio
deje de roer por un instante
las narices de piedra de los santos.
XXII- ESPANTAPÁJAROS

Las mujeres vampiro son menos peligrosas que las mujeres con sexo prehensil.Desde hace siglos, se conocen diversos medios para protegernos contralas primeras.Se sabe, por ejemplo, que una fricción de trementina después del baño, logra en la mayoría de los casos inmunizarnos; pues lo único que les gusta a las mujeres vampiro es el sabor marítimo de nuestra sangre, esa reminiscencia que perdura en nosotros, de la época en que fuimos tiburón o cangrejo.La imposibilidad en que se encuentren de hundirnos su lanceta en silencio, disminuye, por otra parte, los riesgos de un ataque imprevisto. Basta con que al oírlas nos hagamos los muertos para que después de olfatearnos y comprobar nuestra inmovilidad, revoloteen uninstante y nos dejan tranquilos.Contra las mujeres de sexo prehensil, en cambio, casi todas las formas defensivas resultan ineficaces. Sin duda, los calzoncillos erizables y algunos otros preventivos, pueden ofrecer sus ventajas; pero la violencia de honda con que nos arrojan su sexo, rara vez nos da tiempo a utilizarlos, ya que antes de advertir su presencia, nos desbarrancan en una montaña rusa de espasmos interminables, y no tenemos más remedio que resignarnos a una inmovilidad de meses, si pretendemos recuperar los kilos que hemos perdido en un instante.Entre las creaciones que inventa el sexualismo, las mencionadas, sin embargo, son las menos temibles. Mucho más peligrosas, sin discusión alguna, resultan las mujeres eléctricas, y esto, por un simple motivo: las mujeres eléctricas operan a distancia. Insensiblemente, a través del tiempo y del espacio, nos van cargando como un acumulador, hasta que de pronto entramos en un contacto tan íntimo con ellas, que nos hospedan sus mismas ondulaciones y sus mismos parásitos.Es inútil que nos aislemos como un anacoreta o como un piano. Los pantalones de amianto y los pararrayos testiculares son iguales a cero. Nuestra carne adquiere, poco a poco, propiedades de imán. Las tachuelas, los alfileres, los culos de botella que perforan nuestra epidermis, nos emparentan con esos fetiches africanos acribillados dehierros enmohecidos. Progresivamente las descargas que ponen a pruebanuestros nervios de alta tensión, nos galvanizan desde el occipucio hasta las uñas de los pies. En todo instante se nos escapan de los poros centenares de chispas que nos obligan a vivir en pelotas. Hastaque el día menos pensado, la mujer que nos electriza intensifica tanto sus descargas sexuales, que termina por electrocutarnos en un espasmo lleno de interrupciones y de cortocircuitos.

Tuesday, August 15, 2006

Jack Kerouac on the road

Jack Kerouac
(1922-1969) Massachusetts , EEUU

POEMA

Mi amada que no quiere amarme...
Mi amada que no quiere amarme:
Mi vida que no puede amarme:
Las seduzco a ambas.

Ella con mis besos rotundos…
(En la sonrisa de mi amada la aprobación del cosmos)
La vida es mi arte…
(Protección frente a la muerte)
Así sin autorización vivo.
(¡Qué desgraciada teodicea!)

Uno no sabe—
Uno desea— Lo que es la suma.


(Kerouac traducido por Ginsberg)
1945

ENSUEÑOS PARA GINSBERG


Tendido de espaldas a medianoche
oyendo el extraño tañer maravilloso
de las campanas, y sé que es media—
noche y en ese instante el mundo
entero fluye a mi vista
en forma de hermosos enjam-
bres estúpidos de palabras...
todo está sucediendo, brillando
tierras de Buda, bhuti
inflamado de fe, sé que acertaré
siempre & todo lo que tengo
que hacer (cuando oigo las cotidianas
voces vivientes de damas hablando
en una cocina a medianoche
hule tazas de cacao
pastel desagüe del fregadero...) quiero
escribir esto, todas las conversaciones
de todas las partes del mundo,
esta mañana, de-
jando que se abran espacios entre paréntesis
para acompañar mis más íntimos
pensamientos —con rugidos de todo
mi cerebro— el mundo entero
rugiendo —vibrando— lo escribo,
a toda máquina, 1.000 palabras (de páginas) comprimidas en un segundo
de tiempo —he estado
ataviado & peinado de oro en
el famoso atardecer griego
de alguna ciudad griega
Inmortal Fama & ellos
tienen que encontrarme donde encuentran
las vendas de mi
mortaja volando
bandera ondeando Lucien
Medianoche de vuelta a sus
bocas —Gore Vidal se confundiría
mucho, aburrido—
mis palabras serán escritas en oro
& guardadas en bibliotecas como
Finnegans Wake & Visions of Neal.

POEMA


Exijo que la raza humana
deje de multiplicar su especie
y se humille
lo advierto


Y como castigo & recompensa
por hacer este alegato sé
que renaceré
el último ser humano
Todos los demás muertos y yo
una anciana errando por la tierra
gimiendo en cuevas
durmiendo sobre harapos

Y a veces charlo, a veces
rezo, a veces lloro, como & guiso
en mi pequeña cocina
del rincón
"En cierto modo siempre lo supe"
digo
Y una mañana no me levanto de los harapos

LOS PATOS APLASTADOS

En la parte trasera de la oscura tienda china
en la jaula de madera de los patos
con polvo de paja por el suelo, arroz
donde se apoyan los sacos de arroz,
más allá de la caja de los pollos

Todos los patos mueren
Lo mismo que los pollos-anguilas
—cuellos de pollos doblados
sobre barriles y cortan rebanadas de Samsara
el mundo del sufrimiento eterno con hojas
de plata tan finas como el hielo de Pekín

Tan gruesa & penetrable como la Muralla China
la oscuridad de arroz de esa tienda, judías,
té, cajas de pescado seco, soja,
algas secas, monedas de a ocho,
todo el globo por el suelo

Y las luces de la sonora Washington St.
Tilín, mortecinas, pipas de opio y gongs de guerra,
Tong, el arroz y el juego de naipes-y
Tibet el tibet el tin tin tin tin
la comida china se hace en la cocina
Jazz

Los patos aplastados en la oscuridad, miedo blanco,
mis ojos que reflejan esa licuefacción
¿y es que no entiendo el miedo de Buda?
¿el miedo del que despierta? Así que os prevengo
acerca de la medianoche de la medianoche
Y cuéntales a todos los niños el hermoso
relato mágico, locura múltiple, maya.
árboles mágicos y tristezas de
la niña, y la más pequeña de todos los
hermanos en el pesebre hecho de tiza
(azul en la luna)


A EDWARD DAHLBERG


No utilices el teléfono
La gente jamás está dispuesta a responder,
Utiliza la poesía.


POEMA


El jazz se suicidó
Pero no dejó suicidarse a la poesía

No temas
al frío aire nocturno

No escuches a las instituciones
cuando devuelvas manuscritos
a la arenisca
no saludes & no pelees
por los pioneros de Edith Wharton
o la prosa de nebraska de ursula major
cuelga simplemente en tu patio
y ríete jugando amablemente
pastel trombón
& si alguien te da perlas
juju, judío, o cualquier otro,

duerme con ellas alrededor del cuello

Tus sueños serán mejores

No hay lluvia
no hay yo,
Te lo digo, tío
Seguro como la mierda.


ALGUNOS HAIKUS OCCIDENTALES


Brazos abrazados
a la luna,
Entre las vacas.


Elefantes ronzando
sobre la yerba — amando
Cabezas juntas.

Perfecta noche de luna
estropeada
Por disputas familiares.

Pájaros cantando
en la oscuridad
— Amanecer lluvioso.

Fallando la patada
a la puerta de la nevera
Cerrada en cualquier caso.

Este atardecer de Julio una enorme rana
En el umbral de mi puerta.

Llega la tarde —
la joven oficinista
Se suelta el pañuelo.

¿Diré que no?
— mosca frotándose
las patas traseras.

Doblándose contra
la pared, las flores
Estornudan.

Barbo luchando por su vida,
y venciendo,
Salpicándonos a todos.

Profunda la amarilla
luna encima de la
Tranquila casa encendida.

Signo descorazonador
— la pescadería
Está cerrada.

Desplegando hasta el candado,
las puertas del garaje
A mediodía.

La luna,
la estrella fugaz
— Mira hacia otra parte.

Y el gato tranquilo
sentado junto a Correos
Percibe la luna.

El sabor
de la lluvia
— ¿Por qué arrodillarse?

La lluvia ha llenado
el baño del pájaro
Otra vez, casi.

Esos pájaros colocados
allí fuera en la barandilla —
Todos van a morir.

En mi armario de medicinas,
las moscas del invierno
han muerto de vejez.

La luna tuvo
un bigote de gato
Durante un segundo.

Las suelas de mis zapatos
están mojadas
de caminar en la lluvia.

Noviembre — qué nasal
la borracha
Voz del cobrador.

Un gran copo guseo
de nieve
Cayendo totalmente solo.

Juju reza sobre el
manuel de zen:
Mis rodillas están frías.

Inútil, inútil
el aguacero
Entrando en el mar.

En verano la silla
se balancea sola
En la ventisca.



UN MUNDO AJENO

Estoy recostado sobre el pasto
un sol cegador
tú me ciegas
no lo sé,
pero besaré tu delirio romántico
no lo sé,
pero nos merecemos el cielo
y una buena vida
cuando estás
te tocas el vientre
imaginas que ahí vivo yo
dilo,
no lo digas, hazlo,
no hagas preguntas:
¿alguna vez me dirás , te quiero?
oh si te quiero cuando estás y
cuando no estás te duermes
me duermo
somos dos fantasmas en un mundo ajeno
mi sangre hierve
cuando veo tu espalda
impulso juvenil
impulso primordial
dilo,
dilo hoy
te abrazas al sinuoso letargo
te abrazas
te abrazo
morimos abrazados
en un mundo ajeno cruel
inhóspito
eres mi ángel,
lo eres,
espérame
no derrames tu lágrima antes de tiempo
estoy embriagado
embriagado de tu juventud
un mundo ajeno y agónico
pero tú no me eres ajena
ni agónica
eres un extraño sueño una pintura
una fotografía
por favor,
quédate conmigo
por favor, no calles.


Monday, August 14, 2006

W. B. Yeats, una senda en el bosque


William Butler Yeats
Irlanda, 1835-1939


EL NIÑO ROBADO
Donde se zambullen las montañas rocosas
Del bosque de Sleuth en el lago,
Hay una boscosa isla
Donde las garzas al aletear despiertan
A las soñolientas ratas de agua:
Allí hemos ocultado nuestras tinajas encantadas,
Llenas de bayas
Y de las cerezas robadas más rojas.
¡Márchate, oh niño humano!
A las aguas y lo silvestre
con un hada, de la mano,
pues hay en el mundo más llanto del que puedes entender.

Donde las olas del claro de luna alumbran
Las oscuras arenas grises con su brillo,
Lejos, en el lejano Rosses
Nosotros caminamos por ellas toda la noche,
Tejiendo viejas danzas,
Juntando las manos y juntando las miradas
Hasta que la luna emprende el vuelo;
Saltamos de un lado a otro
Y cazamos las burbujas de la espuma,
Mientras el mundo está lleno de problemas
Y duerme con ansiedad.
¡Márchate, oh niño humano!
A las aguas y lo silvestre
con un hada, de la mano,
pues hay en el mundo más llanto del que puedes entender.

Donde el agua errante cae
Desde los cerros a Glen-Car,
En lagunas entre los rápidos
Que casi podrían bañar una estrella,
Buscamos las truchas que dormitan
Y susurrando en sus oídos
Les damos sueños inquietos;
Inclinándonos con suavidad desde
Los helechos que lloran
Sobre los jóvenes arroyos.
¡Márchate, oh niño humano!
A las aguas y lo silvestre
con un hada, de la mano,
pues hay en el mundo más llanto del que puedes entender.

Con nosotros se marcha
El de mirada solemne:
Ya no oirá el mugido
De los terneros en la cálida colina
O a la tetera en la cocina
Cantar paz para su pecho,
Ni verá el cuello pardo de los ratones
Alrededor del cajón de la harina de avena.
Pues se viene, el niño humano,
A las aguas y lo silvestre
Con un hada, de la mano,
Desde un mundo con más llanto del que puede entender.



ALLÁ EN LOS JARDINES DE SALLEY

Allá en los jardines de Salley mi amor y yo nos encontramos;
Pasó por los jardines de Salley con pies pequeños, blancos como nieve.
Me dijo que me tomase el amor con naturalidad, como las hojas que crecen en el árbol;
Pero yo, siendo joven y tonto, no estuve de acuerdo con ella.

En un prado junto al río mi amor y yo nos encontrábamos,
Y en mi hombro inclinado ella apoyó su mano, blanca como nieve.
Me dijo que me tomase la vida con naturalidad, como la yerba crece en las presas;
Pero yo era joven y tonto, y ahora estoy lleno de lágrimas.


LA ROSA SOBRE LA CRUZ DEL TIEMPO

¡Rosa roja, rosa orgullosa, triste Rosa de todos mis días!
Acércate a mí, mientras canto sobre los tiempos antiguos:
Cuchulain luchando contra la amarga marea;
Sobre el Druida, gris, nutrido por los bosques, con mirada tranquila,
Que dio a Fergus sueños, y ruina indecible:
Y sobre tu propia tristeza, que las estrellas, envejecidas
En su danza de sandalias plateadas sobre el mar,
Cantan en su triste y solitaria melodía.
Acércate, para que no cegado ya por el destino humano,
Pueda yo encontrar bajo las ramas del amor y del odio,
En todas las pobres cosas tontas que viven un día,
La belleza eterna recorriendo su camino.

Acércate, acércate, acércate -¡ah, dejame sí
Un pequeño espacio para que lo llene el aliento de la rosa!
No vaya a ser que deje yo de oir las cosas comunes que ansían;
El gusano débil escondiéndose en su pequeña cueva,
El ratón de campo que corre junto a mí por el pasto,
Y las pesadas esperanzas mortales que laboran y pasan,
Y sólo busque escuchar las extrañas cosas dichas
Por Dios a los corazones brillantes de aquellos muertos hace mucho,
Y aprender a cantar una lengua que los hombres no conocen.
Acércate; yo cantaré, antes de que me llegue la hora de partir,


Sobre la vieja Eire y los tiempos antiguos:
Rosa roja, Rosa orgullosa, triste Rosa de todos mis días.



CUANDO ESTÉS VIEJA

Cuando estés vieja y gris y soñolienta,
Y cabeceando junto al fuego, tomes este libro,
Y leas lentamente, y sueñes con la mirada suave
Que tus ojos un día tuvieron, y con sus profundas sombras;

Cuántos amaron tus momentos de alegre gracia,
Y amaron tu belleza con amor falso o verdadero,
Pero un hombre amó el alma peregrina dentro de ti,
Y amó los dolores de tu rostro que cambiaba;

E inclinándote junto al resplandor de los leños,
Murmures, un poco triste, cómo huyó el Amor
Y se fue por sobre las montañas
Y escondió su rostro entre una multitud de estrellas.


EL AMANTE HABLA DE LA ROSA EN SU CORAZÓN
Todas las cosas feas y rotas, todas las cosas gastadas y viejas,
El llanto de un niño junto al camino, el crujido de una carreta cargada,
Los pasos pesados del arador sobre el moho del invierno,
Están dañando tu imagen que hace brotar una rosa en el fondo de mi corazón.

El mal de las cosas informes es un mal demasiado grande para ser dicho;
Añoro crearlas de nuevo y sentarme lejos en una verde loma,
Con la tierra y el cielo y el agua, vueltos a hacer, como un cofrecillo de oro
Para mis sueños de tu imagen que hace brotar una rosa en el fondo de mi corazón.


LA CANCIÓN DE ÆNGUS ERRANTE

Salí al bosque de avellanos,
Porque tenía un incendio en mi cabeza,
Y corté y pelé una rama de avellano,
Y enganché una baya al hilo;
Y mientras volaban las polillas blancas,
Y estrellas como polillas titilaban,
Eché la baya en el arroyo
Y atrapé una pequeña trucha dorada.

Cuando la hube dejado en el suelo
Fui a encender el fuego,
Pero algo susurró en el suelo,
Y alguien me llamó por mi nombre:
Se había convertido en una muchacha de tenue brillo
Con flores de manzano en su cabello
Que me llamó por mi nombre y corrió
Y se desvaneció entre el aire que aclaraba.
Aunque ya estoy viejo de vagar
Por tierras bajas y tierras montañosas,
Descubriré dónde se ha ido,
Y besaré sus labios y tomaré sus manos;
Y caminaré por la larga yerba de colores,
Y cogeré hasta el fin de los tiempos
Las plateadas manzanas de la luna,
Las doradas manzanas del sol.




ÉL DESEA LAS TELAS DEL CIELO

Si tuviese yo las telas bordadas del cielo,
Recamadas con luz dorada y plateada,
Las telas azules y las tenues y las oscuras
De la noche y la luz y la media luz,
Extendería las telas bajo tus pies:
Pero, siendo pobre, sólo tengo mis sueños;
He extendido mis sueños bajo tus pies;
Pisa suavemente, pues pisas mis sueños.


EL VIOLINISTA DE DOONEY

Cuando toco mi violín en Dooney,
La gente baila como una ola del mar;
Mi primo es un cura en Kilvarnet,
Mi hermano en Mocharabuiee.

Me crucé con mi hermano y mi primo:
Leían sus libros de oraciones;
Yo leía mi libro de canciones
Que compré en la feria de Sligo.

Cuando lleguemos el día final
Donde Pedro, majestuoso,
Él sonreirá a las tres viejas almas,
Pero me hará pasar primero por el portal;
Pues los buenos son siempre los alegres;
Salvo por algún maligno azar,
Y los alegres aman el violín,
Y los alegres aman bailar:

Y cuando la gente allí me vea,
Vendrán todos hacia mí,
Diciendo '¡Aquí está el violinista de Dooney!'
Y bailarán como una ola del mar.





NAVEGANDO HACIA BIZANCIO

I
Aquel no es un país para hombres viejos. Los jóvenes
Tomados del brazo, las aves en los árboles
- Las generaciones que mueren - cantando,
Las cascadas de salmón, los mares repletos de atún,
Peces, animales, aves, encomian todo el verano
Todo aquello que se produce, nace, y muere.
Atrapado en esa música sensual todo ignora
Monumentos de intelecto que no envejece.

II

Un hombre viejo no es más que una cosa miserable,
Un abrigo andrajoso sobre un bastón, a menos
Que el alma aplauda y cante, y cante más fuerte
Por cada arruga en su traje mortal.
Ni hay otra escuela de canto que el estudio
De monumentos de magnificencia única;
Y por eso he navegado los mares y he venido
A la santa ciudad de Bizancio.
III
Oh sabios que estais en el fuego sagrado de Dios
Y en el dorado mosaico de un muro,
Venid del fuego sacro, girad hasta mí,
Y sed los maestros de canto de mi alma.
Consumid mi corazón; enfermo de deseo
Y atado a un animal agonizante
No sabe ya lo que es; y llevadme
A la ilusión de la eternidad.

IV

Una vez fuera de la naturaleza, no he de tomar
Mi forma de ninguna cosa natural,
Sino una forma como la que los herreros griegos hacen
De oro repujado y esmalte dorado
Para mantener despierto a un somnoliento Emperador;
O ponen en una rama dorada para que cante
A los señores y las damas de Bizancio
Sobre lo pasado, lo presente, o lo por venir.




LOS HOMBRES MEJORAN CON LOS AÑOS

Estoy cansado de sueños;
Un tritón de mármol, gastado por el clima
En los riachuelos;
Y durante todo el día observo
La belleza de esta dama
Como si hubiese hallado en un libro
Una belleza imaginada,
Satisfecho de tener repletos mis ojos
O mis oídos que perciben,
Encantado de no ser más que sabio,
Pues los hombres mejoran con los años;
Pero aún así, aún así,
¿Es ese mi sueño, o la verdad?
Oh, ¡cómo quisiera que nos hubiésemos conocido
Cuando yo tenía mi ardiente juventud!
Pero envejezco entre sueños,
Un tritón de mármol, gastado por el clima
En los riachuelos.



ACEITE Y SANGRE

En tumbas de oro y lapislázuli
cuerpos de santos y santas exudan
aceite milagroso, fragancia de violeta.

Pero bajo los pesados cúmulos de arcilla pisoteada
yacen cuerpos de vampiros pletóricos de sangre;
sus mortajas están ensangrentadas y sus labios están
húmedos.



BELLAS COSAS SEÑERAS

Bellas cosas señeras; la noble cabeza de O'Leary:
mi padre, en el escenario del Abbey, ante una multitud furiosa:
«Esta nación de santos» y luego, cuando los aplausos se extinguían:
«De santos de escayola»; echada hacia atrás la bella cabeza maliciosa.
Standish O'Grady buscando apoyo entre las mesas
y diciéndole a un auditorio borracho palabras de eminente insensatez;
Augusta Gregory sentada en su gran mesa de ormulu
cuando se acerba su octogésimo invierno: «Ayer me amenazó de muerte».
Le dije que todas las tardes, de seis a siete, me sentaba esta mesa,
con las persianas subidas»; Maud Gonne esperando un
tren en la estación de Howth
Palas Atenea en la espalda erecta, en la cabeza arrogante:
todos los Olímpicos: algo que jamás volverá a verse.





EL VINO ENTRA EN LA BOCA

El vino entra en la boca
Y el amor entra en los ojos;
Esto es todo lo que en verdad conocemos
Antes de envejecer y morir.
Así llevo el vaso a mi boca,
Y te miro, y suspiro.

RECUERDA LA OLVIDADA BELLEZA
Al ceñirte en mis brazos,
estrecho contra mi corazón esa belleza
que del mundo hace mucho se marchara:
coronas engastadas que reyes arrojaron
en charcas fantasmales, huyendo los ejércitos;
cuentos de amor tejidos con hebras de seda
por soñadoras damas en telas que nutrieron la polilla asesina:
rosas de tiempos idos
que las damas tejieron en sus pelos;
lirios fríos de rocío que las damas portaron
por tanto corredor sagrado,
adonde tales nubes de incienso se elevaban
que sólo Dios estaba con los ojos abiertos:
ya que el pálido pecho, la mano demorada,
nos llegan de otras tierras más pesadas de sueño,
y también de otra hora más pesada de sueño.
Y cuando tú suspiras entre besos
escucho la blanca Belleza también suspirando
por aquella hora cuando todo
deberá consumirse cual rocío.
Mas llama sobre llama y hondura sobre hondura,
y trono sobre trono y medio en sueños,
posadas sus espadas en sus férreas rodillas,
tristemente cavilan sobre grandes misterios solitarios.



SANGRE Y LUNA

Bendito sea este lugar
Y aún más bendita esta torre;
Un poder sangriento y arrogante
Se levantó de la raza
Para expresarla, para dominarla,
Se alzó como los muros
De estas cabañas azotadas por la tormenta.
Como burla he construido
Un emblema poderoso
Y lo canto verso a verso,
Como burla de una época
Medio muerta en la cima.


SI TAN SÓLO YACIERAS MUERTA Y FRÍA...

Si tan sólo yacieras muerta y fría
Y las luces del oeste se apagaran,
Vendrías aquí e inclinarías tu cabeza,
Y yo reposaría la frente sobre tu pecho
Y tú susurrarías palabras de ternura
Perdonándome, pues ya estás muerta:
No te alzarías ni partirías presurosa,
Aunque tengas voluntad de pájaro errante,
Mas tú sabes que tu pelo está prisionero
En torno al sol, la luna y las estrellas;
Quisiera, amada, que yacieras
En la tierra, bajo hojas de bardana,
Mientras las estrellas, una a una, se apagan.


SUEÑOS ROTOS
Hay gris en tus cabellos;
los jóvenes ya no se quedan sin aliento
a tu paso;
acaso te bendiga algún vejete
porque fue tu plegaria
la que lo salvó en el lecho de muerte.
Por tu bien -que ha sabido de todo dolor del corazón,
y que ha impartido todo el dolor del corazón,
desde la magra niñez acumulando
onerosa belleza- por tu solo bien
el cielo desvió el golpe de su sino,
tan grande su porción en la paz que estableces
con sólo penetrar dentro de un cuarto.

Tu belleza no puede sino dejar entre nosotros
vagos recuerdos, recuerdos nada más.
Cuando los viejos se cansen de hablar, un joven
le dirá a un viejo: «Háblame de esa dama
que terco en su pasión nos cantaba el poeta
cuando ya su sangre debiera estar helada por los años».

Vagos recuerdos, recuerdos nada más.
Pero en la tumba todos, todos se verán renovados.
La certidumbre de que veré a esa dama
reclinada o erecta o caminando
en el primor inicial de su feminidad
y con el fervor de mis ojos juveniles,
me ha puesto a balbucear como un tonto.
Era más bella que cualquiera
no obstante tu cuerpo tenía una tacha;
tus manos pequeñas no eran bellas,
y temo que has de correr
y las hundirás hasta la muñeca
en ese lago misterioso, siempre rebosante
donde todos los que cumplieron la ley sacra
se hunden y resurgen perfectos. Deja intactas
las manos que besé,
por bien del viejo bien.

Muere el último toque de media noche.
Todo el día, en la misma silla
de sueño a sueño y rima a rima he errado,
en charla incoherente con una imagen de aire:
vagos recuerdos, recuerdos nada más.





UNA JOVEN Y VIEJA MUJER
¿Cuál fue el alegre muchacho que más me agradó
De todos cuantos yacieron conmigo?
Respondo que mi alma entregué
Y en el dolor amé,
Mas gran placer me dio un muchacho
Al que físicamente amé.
Libre del cerco de sus brazos
Reía al pensar que era tal su pasión
Que él imaginaba que yo entregaba el alma
Cuando sólo existía el contacto de dos cuerpos,
Y reía sobre su pecho al pensar
Que era la misma entrega que hay entre las bestias.
Di lo que otras dieron
Después de quitarse la ropa,
Mas cuando este alma del cuerpo se despoje
Y desnuda vaya a lo desnudo
Aquel a quien halló encontrará allí dentro
Lo que ningún otro conoce.
Y dará lo suyo y tomará lo suyo
Y regirá por derecho propio;
Y aunque amó en el dolor
Tanto se aferra y se cierra,
Que ningún ave diurna
Osaría extinguir tal deleite.


VERSOS ESCRITOS EN EL ABATIMIENTO
Cuando vi por última vez
los redondos ojos verdes y los largos cuerpos sinuosos
de los negros leopardos de la luna?
Las brujas hurañas, señoras nobilísimas,
con todo y sus escobas y sus lágrimas,
sus coléricas lágrimas, se fueron.
Se perdieron los sacros centauros de los montes;
sólo me queda el amargado sol.
La heroica madre luna se perdió en el destierro;
tengo cincuenta años, y ahora
he de sufrir la timidez del sol.




AHORA QUE ESTAMOS CASI ESTABLECIDOS EN NUESTRA CASA
Ahora que estamos casi establecidos en nuestra casa
Nombraré a esos amigos que ya no pueden cenar con nosotros
Junto al fuego de turba en la antigua torre,
Y habiendo charlado hasta muy tarde
Subíamos a los dormitorios por la angosta escalera de caracol;
Descubridores de la olvidada verdad
O simples compañeros de mi juventud,
Todos han muerto y esta noche están en mi pensamiento.
(...)

Ellos fueron mis compañeros íntimos muchos años,
Como si formaran parte de mi vida y mi mente,
Y sin embargo ahora sus rostros sin vida parecen contemplarnos
Desde el viejo grabado de algún libro;
Estoy acostumbrado a su falta de vida.
(...)


OÍ DECIR A LOS MUY, MUY VIEJOS
Oí decir a los muy, muy viejos:
"Todo Cambia
Y uno a uno vamos cayendo".

Tenían las manos como garras,
Y las rodillas torcidas como espinos
Junto a las aguas.

Oí decir a los muy, muy viejos:
"Todo lo bello se pierde al pasar,
Como las aguas."






GRISES SON TUS CABELLOS
Grises son tus cabellos.
Los jóvenes ya no se quedan sin aliento
Cuando tú pasas;
Pero puede que algún vejete murmure una bendición
Porque fue tu plegaria
Lo que le sacó de su lecho de muerte.

Sólo por ti, que has conocido todos los pesares del corazón
Y a otros has infligido todos esos pesares,
Desde la parca juventud que representa
La onerosa belleza, sólo por ti
El cielo apartó el golpe de su destino
Tan grande es la participación en esa paz que tú otorgas
Con sólo entrar en una habitación.
Tu belleza sólo puede dejar entre nosotros
Vagos recuerdos, sólo vagos recuerdos.
Cuando los viejos callen,
Un joven dirá a uno de ellos:
"Cuéntame de esa dama
Que el apasionado poeta nos cantara
Cuando la edad bien podía haberle helado la sangre.
Vagos recuerdos, sólo vagos recuerdos
Pero en la tumba todo, todo será renovado.
La certeza de que veré a esa dama
Inclinada, erguida o caminando
Con el primer encanto de su feminidad
Y con el fervor de mis jóvenes ojos
Me ha puesto a murmurar como un idiota".

Tú eres más bella que ninguna
Mas tu cuerpo tenía un defecto:
Tus pequeñas manos no eran bellas
Y temo que corras
A hundirlas hasta la muñeca
En ese misterioso lago, siempre rebosante,
Donde aquellos que han obedecido la ley sacra
Las hunden y son perfectos. Deja inmutables
Las manos que he besado
Por amor al tiempo que ha pasado.

Muere la última campanada de la medianoche.
Todo el día en una silla,
De sueño en sueño y de rima en rima he alineado,
En diálogo confuso con una etérea imagen:
Vagos recuerdos, sólo vagos recuerdos.



RESTAN LIBROS Y PINTURAS
Restan libros y pinturas,
Un acre de verde hierba
Como espacio y ejercicio
Ahora que el cuerpo declina;
Medianoche, una vieja casa
Donde sólo un ratón se mueve.
Mi tentación está en calma.
Aquí cuando la vida acaba
Ni la imaginación sin freno,
Ni el molino de la mente
Que consume sus andrajos y sus huesos
Dan a saber la verdad.

Concédeme el frenesí de un anciano,
Yo mismo debo rehacerme
Hasta ser Timón o Lear,
O bien aquel William Blake
Que golpeó contra el muro
Hasta que la verdad respondió.

Una mente que Miguel Ángel sabía
Capaz de atravesar las mismas nubes
O, por el frenesí inspirada,
Capaz de sacudir a los muertos de sus mortajas;
En lo restante olvidada por la humanidad,
La mente aquilina de un anciano.


¿POR QUÉ NO HABRÍAN DE RABIAR LOS VIEJOS?
¿Por qué no habrían de rabiar los viejos?
Algunos vieron a un muchacho de futuro
Que buen pulso tenía en la pesca con anzuelo
Convertirse en un periodista borracho;
A una muchacha que supo todo Dante de memoria
Vivir para parir hijos de un necio;
A una Helena de sueño benéfico y social
Subir a gritar a una vagoneta.
Algunos piensan que es cosa natural que el destino
Deba matar de hambre a los buenos
Y a los malos hacerles progresar;
Que si sus vecinos imaginaran claramente,
Como en una pantalla iluminada,
Ni una sola historia encontrarían
De una mente feliz que no quebrara
O de un final digno del comienzo.

Los jóvenes no saben nada sobre ésto,
Los viejos, que todo observan, bien lo conocen;
Y cuando sepan lo que dicen los libros de antes
Y que nada mejor podemos esperar,
Entonces sabrán por qué habría de rabiar un viejo.

Tuesday, August 01, 2006

Jacques Prévert, sobre todo lenguaje

Jacques Prévert, nació en 1900 en Neuilly-sur-Seine, Francia y falleció en 1977, en Omonville-la-Petite, Normandía .

PARA HACER EL RETRATO DE UN PÁJARO
Pintar primero una jaula
con la puerta abierta
pintar después algo bonito
algo simple, algo bello,
algo útil para el pájaro.
Apoyar después la tela contra un árbol
En un jardín en un soto
o en un bosque esconderse tras el árbol
Sin decir nada, sin moverse
A veces el pájaro llega enseguida
Pero puede tardar años
antes de decidirse.
No hay que desanimarse
Hay que esperar
Esperar si es necesario durante años
La celeridad o la tardanza
En la llegada del pájaro
No tiene nada que ver
Con la calidad del cuadro.
Cuando el pájaro llega, si llega
observar el más profundo silencio
esperar que el pájaro entre en la jaula
y una vez que haya entrado
cerrar suavemente la puerta con el pincel.

Después borrar uno a uno todos los barrotes
cuidando de no tocar ninguna pluma del pájaro.

Hacer acto seguido, el retrato del árbol,
escogiendo la rama más bella para el pájaro,
Pintar también el verde follaje
Y la frescura del viento,
El polvillo del sol
y el ruido de los bichos de la hierva en el calor estival
y después esperar
que el pájaro se decida a cantar.

Si el pájaro no canta, mala señal,
Señal de que el cuadro es malo,
Pero si canta es buena señal,
Señal de que podéis firmar.
Entonces arrancadle delicadamente
una pluma al pájaro
Y escribid vuestro nombre
En un ángulo del cuadro.




EL GATO Y EL PÁJARO

Un pueblo escucha desolado
el canto de un pájaro herido.
Es el único pájaro del pueblo
y es el único gato del pueblo
que lo ha devorado a medias.
Y el pájaro cesa de cantar
el gato cesa de ronronear
y de relamerse el hocico.
Y el pueblo le hace al pájaro
maravillosos funerales.
Y el gato que está invitado
marcha detrás del pequeño ataúd de paja
donde el pájaro muerto está estirado
llevado por una niñita
que no deja de llorar.
Si hubiera sabido que eso te daba tanta pena,
le dice el gato,
me lo hubiera comido del todo
y después te hubiera contado
que lo había visto volarse
volarse hasta el fin del mundo
allá donde es tan lejos
que nunca se vuelve.
Tu hubieras tenido menos pena
Simplemente tristeza y aflicción

Nunca hay que hacer las cosas a medias.



PARA TI MI AMOR

Fui al mercado de pájaros
y compré pájaros
Para ti
mi amor
Fui al mercado de flores
y compré flores
Para ti
mi amor
Fui al mercado de chatarra
y compré cadenas
Pesadas cadenas
Para ti
mi amor
Después fui al mercado de esclavos
Y te busqué
Pero no te encontré
mi amor.


SOY COMO SOY

Soy como soy
Estoy hecha así
Cuando tengo ganas de reír
Me río a carcajadas
Amo al que me ama
Acaso es culpa mía
Que no sea siempre el mismo
El que amo en cada ocasión
Soy como soy
Estoy hecha así
Qué más pretendéis
Qué más queréis de mí

Estoy hecha para gustar
Y no hay nada que hacerle
Mis tacones son muy altos
Mi cuerpo muy erguido
Mis pechos muy firmes
Mis ojeras muy profundas
Pero después de todo
Qué puede importaros
Soy como soy
Gusto al que le gusto
Qué puede importaros
Lo que me sucedió
Si amé a alguien
Si alguien me amó
Como los niños que se aman
Simplemente saben amar
Amar amar…
Por qué hacerme preguntas
Estoy donde estoy para gustaros
Y no hay nada que hacerle.




LOS PÁJAROS DEL PESAR

Lluvia de plumas plumas de lluvia
La que amabais ya no está más
Qué queréis de mí pájaros
Plumas de lluvia lluvia de plumas
Desde que tú no estás ya no sé
Ya no sé dónde estoy
Lluvia de plumas plumas de lluvia
Ya no sé qué hacer
Sudario de lluvia lluvia de hollín
Acaso nunca más
Plumas de hollín… marchaos golondrinas
Dejad vuestros nidos… ¿Cómo? ¿Qué? ¿No es la estación de los viajes?
No me importa salid de este cuarto golondrinas de la mañana
Golondrinas de la noche partid… ¿A dónde? ¡Ah!
Entonces quedaos me iré yo…
Plumas de hollín hollín de plumas iré a ninguna parte
Y también un poco a todas partes
Quedaos aquí pájaros de la desesperación
Quedaos aquí… Haced de cuenta que estáis en vuestra casa.


EL CAMINO RECTO
De kilómetro en kilómetro
De año en año
Viejos de frente estrecha
Señalan a los niños del camino
Con ademán de cemento armado.


ARENAS MOVEDIZAS
Demonios y maravillas
Vientos y mareas
A lo lejos ya el mar se ha retirado
Y túComo un alga dulcemente acariciada por el viento
En las arenas del viento te agitas entre sueños
Demonios y maravillas
Vientos y mareas
A lo lejos ya el mar se ha retirado
Pero en tus ojos entreabiertos
Han quedado dos pequeñas olas
Demonios y maravillas
Vientos y mareas
Dos pequeñas olas para ahogarme.


EL GRAN HOMBRE

En la casa del tallista de piedra
donde lo conocí
se hizo tomar las medidas
para la posteridad.

LA CARRETILLA
O
LOS GRANDES INVENTOS

El pavo real abre la cola en rueda
el azar hace lo demás
Dios toma asiento
y al hombre le toca empujar.



EL ESPEJO ROTO

El hombrecito que cantaba sin cesar
el hombrecito que bailaba en mi cabeza
el hombrecito de la juventud
rompió el cordón de su zapato
y todas las barracas de la fiesta
se derrumbaron de repente
y en el silencio de esa fiesta
en el desierto de esa cabeza
oí tu voz feliz
tu voz desgarrada y frágil
infantil y desolada
que venía de lejos y me llamaba
y me llevé la mano al corazón
donde se agitaban
ensangrentados
los siete trozos de espejo de tu risa estrellada.



CANCIÓN

Qué día es hoy
Es todos los días
Amiga
Es toda la vida
Amor
Amamos y vivimos
Vivimos y amamos
Y no sabemos qué es la vida
Y no sabemos qué es el día
Y no sabemos qué es amor.

EJERCICIO DE COMPOSICIÓN
Cuando joven Napoleón era muy flaco
y oficial de artillería
tiempo después llegó a emperador
entonces adquirió panza y muchos países
y el día en que murió aún tenía
panza
pero en conjunto estaba mucho más chico.



PRIMER DÍA

Sábanas blancas en un ropero
Sábanas rojas en un lecho
Un niño en la madre
El padre en el pasillo
El pasillo en la casa
La casa en la ciudad
La ciudad en la noche
La muerte en un grito
Y el niño en la vida


Y LA FIESTA CONTINÚA
De pie ante el mostrador de estaño
A eso de las diez de la mañana
Un corpulento plomero hojalatero
Vestido de domingo a pesar de ser lunes
Canta para sí mismo
Canta que es jueves
Que no irá a la escuela
Que la guerra se acabó
Y el trabajo también
Que la vida es muy bella
Y las muchachas muy lindas
Y después de trastabillar ante el mostrador de estaño
Pero siguiendo el hilo de su plomada
Se planta firmemente ante el patrón
Tres paisanos vendrán y os pagarán
Después se aleja bajo los rayos del sol
Sin liquidar el gasto
Se aleja bajo los rayos del sol sin dejar de cantar su canción.



DOMINGO
Entre las filas de árboles de la avenida de Los Gobelinos
Una estatua de mármol me conduce de la mano
Hoy es domingo los cines están repletos
Los pájaros desde las ramas contemplan a las criaturas humanas
Y la estatua me besa pero nadie nos ve
Salvo un niño ciego que nos señala con el dedo.


EL JARDÍN

Millares y millares de años
No serían suficientes
Para expresar
Ese pequeño segundo de eternidad
En el que me besaste
En el que te besé
Una mañana a la luz del invierno
En el parque Montsouris de París
En París
Sobre la tierra
La tierra que es un astro.



EL OTOÑO

Un caballo se desploma en medio de una alameda
Las hojas caen sobre él
Nuestro amor tirita
Y el sol también.



PARIS AT NIGHT

Tres fósforos de uno en uno encendidos en la noche
El primero para ver tu rostro todo
El segundo para ver tus ojos
El último para ver tu boca
Y la completa oscuridad para recordarme todo eso
Al estrecharte en mis brazos.



BÁRBARA

Acuérdate Bárbara
llovía sin cesar en Brest aquel día
y tú caminabas sonriente
feliz encantada empapada
bajo la lluvia.
Acuérdate Bárbara
llovía sin cesar en Brest
y me crucé contigo en la rue de Siam
sonreías
y yo también sonreía.
Acuérdate Bárbara
tú a quien yo no conocía
tú que no me conocías.
Acuérdate.
Acuérdate sin embargo de aquel día
no lo olvides
un hombre que se cobijaba en un portal
gritó tu nombre
Bárbara
y tú corriste a su encuentro bajo la lluvia
empapada feliz encantada
y te echaste en sus brazos
Acuérdate Bárbara
y no te ofendas si te tuteo
yo tuteo a todos los que amo
aunque sólo les haya visto una vez
yo tuteo a todos los que se aman
aunque no les conozca
Acuérdate Bárbara
no olvides
esa lluvia mansa y feliz
sobre tu rostro feliz
sobre esa ciudad feliz
esa lluvia sobre el mar
sobre el arsenal
sobre el barco de Ouessant
Oh Bárbara
qué idiotez la guerra
qué será de tí ahora
bajo esta lluvia de hierro
de fuego de acero de sangre
y aquel que te abrazaba
amorosamente
acaso haya muerto desaparecido o viva todavía
Oh Bárbara
llueve sin cesar en Brest
como llovía antes
pero no es igual y todo está estropeado
es una lluvia enlutada terrible y desconsolada
ni siquiera es ya la tormenta
de acero de hierro de sangre
sino sencillamente nubes
que revientan como perros
perros que desaparecen
en hilos de agua sobre Brest
y van a pudrirse lejos
lejos muy lejos de Brest
y de Brest no queda nada.


Desayuno
Ha echado café
En la taza
Ha echado leche
En la taza de café
Con la cucharilla
Lo ha removido
Y se ha bebido el café con leche
Y ha dejado la taza
Sin hablarme
Ha encendido
un cigarro
Ha hecho aros
Con el humo
Ha dejado caer la ceniza
En el cenicero
Sin hablarme
Sin mirarme
Se ha levantado
Se ha puesto
El sombrero
Se ha puesto
El impermeable
Porque llovía
Y se ha marchado
Bajo la lluvia
Sin una palabra
Sin mirarme
Entonces me he cubierto
La cara con las manos
Y he llorado.




Fragmento de 'Intento de descripción de una cena de máscaras en París, Francia'

El sol brilla para todo el mundo, pero no brilla en las prisiones,
no brilla para los que trabajan en la mina,
los que descaman el pescado
los que comen carne pasada
los que fabrican horquillas para el pelo
los que soplan vacíos en botellas que otros beberán llenas
los que cortan el pan con el cuchillo
los que pasan las vacaciones en las fábricas
los que no saben lo que hay que decir
los que ordeñan las vacas y no beben la leche
los que no son anestesiados en el dentista
los que escupen sus pulmones en el metro
los que fabrican en sótanos las estilográficas con las que otros
escribirán al aire libre que todo va de perlas
los que tienen demasiado que decir para poder decirlo
los que tienen trabajo
los que no lo tienen
los que lo buscan
los que no lo buscan
los que dan de beber a los caballos
los que ven morir a su perro
los que tienen casi todas las semanas el pan de cada día
los que en invierno se calientan en las iglesias
los que son enviados por el sacristán a calentarse fuera
los que se estancan
los que querrían comer para vivir
los que viajan entre las ruedas
los que miran correr el Sena
los que son contratados,despedidos, ascendidos, rebajados,
manipulados, registrados, apaleados
los que son fichados
los que son llamados fuera de filas y fusilados al azar
los que deben desfilar frente al Arco
los que no saben comportarse en ninguna parte
los que nunca vieron el mar
los que huelen a lino porque trabajan el lino
los que no tienen agua corriente
los que son destinados al "azul horizonte"
los que arrojan sal en la nieve a cambio de un jornal irrisorio
los que envejecen más aprisa que los otros
los que nunca se agacharon para recoger un alfiler
los que se mueren de aburrimiento en las tardes de domingo
porque ven llegar el lunes
y el martes, y el miércoles, y el jueves, y el viernes
y el sábado
y la tarde del domingo.