Wednesday, July 25, 2007

Hugo Mujica y el silencio


Hugo Mujica, Buenos Aires, Argentina 1942


HACE APENAS DÍAS



hace apenas días murió mi padre,
hace apenas tanto.

cayó sin peso,
como los párpados al llegar
la noche o una hoja
cuando el viento no arranca, acuna.

hoy no es como otras lluvias
hoy llueve por vez primera
sobre el mármol de su tumba.

bajo cada lluvia
podría ser yo quien yace, ahora lo sé,
ahora que he muerto en otro.



(de “Noche Abierta”)



HASTA EL FINAL



vi un perro negro muerto
en la calle,
aplastado en medio de la acera, manchado,
porque nevaba.

vi la vida, allí mismo,
y no había más que eso: la coartada
del inocente: pagarlo todo.

sentí en la nieve la vida y me vi morir
como un animal que se resiste
hasta lo último

hasta el deseo de ser rematado,

hasta el gemido final,
el que pide perdón por todo crimen ajeno:
el que perdona a dios.


(de “Noche abierta”)



TIERRA DESNUDA


hay días en que nombrar no basta

descalzo, salí a sentir la tierra
las hojas
la madrugada fría.

bajo un árbol inclinado bajo el paso
de tantos vientos

(hueco y reseco
de retorcerse en sus ramas)
me supe vivo:

temblé la escarcha, el misterio, el vacío
y no pude sino caer, abrazar
el tronco
y llorar tanta belleza
mezclando mi sal
con la tierra desnuda.

al caer la tarde,
la postrera, callaremos las palabras
con las que enhebramos
los pedazos de la vida;

cuando llegue la noche
y se nos devuelva el silencio
oiremos al fin el latido.



(de “Noche abierta”)









HAY PERROS QUE MUEREN DE LA MUERTE DE SU AMO

hay perros
que mueren de la muerte de su amo

cuerpos que no hacen el amor,
hacen el miedo

que no se agitan,
tiemblan.

y hay hombres
en los que muere dios
como una gota de lacre
sobre el pecho
de un torso de mármol,

son los que lloran cuando creen
estar hablando,
o gritan soñando, pero al alba
olvidan el grito
con que encendieron la noche.

hay hombres en los que gime dios
por no encontrar un hombre
donde morir de carne,

pero no llora
como quien lo hace solo
llora como quien llora abrazado a un niño.





ALBA

quieto,

como no moviéndose
para que la sangre no rebase
la boca

quieto,

como sintiendo un pájaro
herido
en la palma de la mano

sin cerrar la mano
sin abrir los ojos.

hay una fe que es absoluta:
una fe sin esperanza.









ORILLAS

afuera ladra un perro

a una sombra, a su eco
o a la luna
para hacer menos cruel la distancia.

siempre es para huir que cerramos
una puerta,
es desierto la desnudez que no es promesa

la lejanía
de estar cerca sin tocarse
como bordes de la misma herida.

adentro no cabe adentro,

no son mis ojos
los que pueden mirarme a los ojos,
son siempre los labios de otro
los que me anuncian mi nombre.










SÓLO UN BRILLO NUEVO

en un florero
lleno de agua,
pongo una rosa

entierro una vida.

y me quedo aquí,
mirando
el impostergable paso
de una vida hacia su nada,

el andar de un tiempo
en la herida que abre.

nada cambia ante mis ojos
salvo un brillo,
húmedo,

como si por no percibirla
fuera la muerte la belleza
en esta rosa.









EN PLENA NOCHE

También en plena noche
la nieve
se derrite blanca

y la lluvia
cae
sin perder su transparencia.

Es ella, la noche,
la que nos libra de los reflejos,

la que nos expande
las pupilas.

Lo que busca con su bastón
el ciego es la luz, no el camino.








VIENTO EN EL VIENTO

Viento en el viento,

llueve sobre el mar
y ni crece ni disminuye el agua.

Desnudo se es todo rostro:
un tajo es siempre un tajo entero.


Hugo Mujica, Buenos Aires, Argentina 1942






AFUERAS

Puerta en medio del campo:
lindero y puente entre dos afueras.

El borde del salto no es una orilla, es la vida,
al borde de cada vida.







SED ADENTRO

La boca abierta bajo la lluvia
y el agua buceando el alma.

Sed adentro
hasta donde el mar se seca noche,
hasta donde la sed amanece playa.






PARTIDA A PARTIDA

I.
Sin ropa se nace,
se brota

desnudo se llega:
partida a partida.
II.
No tener adonde ir
no es que nadie nos espere,

es no tener donde regresar:
la muerte es nacer afuera.

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